Fatiga ocular: síntomas y qué hacer

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Pasar horas frente a pantallas se ha vuelto casi inevitable: trabajamos, estudiamos, leemos, hablamos y hasta descansamos con un dispositivo cerca. A veces, ese esfuerzo sostenido se nota en el cuerpo de forma muy concreta: ojos secos, pesados, irritados o con sensación de cansancio, un cuadro frecuente que llamamos fatiga visual digital (también conocida como cansancio ocular digital). La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, la fatiga visual digital es temporal y mejora con ajustes sencillos. A lo largo de este artículo veremos qué es y qué ocurre en el ojo, cuáles son sus causas y factores de riesgo, los síntomas más comunes (y cuándo conviene pedir consejo profesional), y después pasaremos a cuidados y alivio con medidas prácticas, además de hábitos de prevención para el día a día.

¿Qué es la fatiga ocular y por qué se produce?

La fatiga ocular (también llamada astenopía)[1] es un término paraguas para describir un conjunto de molestias que aparecen cuando nuestros ojos trabajan por encima de su “capacidad cómoda” durante demasiado tiempo. Puede suceder tras muchas horas leyendo, conduciendo o, muy especialmente, usando pantallas. En las últimas décadas se ha vuelto más frecuente: algunas estimaciones la sitúan en más del 50 % de los adultos[2] y en ciertos grupos (como estudiantes universitarios) se han descrito cifras aún más altas, en torno al 75,6 %[3].

Lo importante es entender que, en la mayoría de los casos, no se trata de una enfermedad ni suele dejar daños permanentes. Es más bien una sobrecarga funcional: los músculos y mecanismos que controlan el enfoque y la coordinación entre ambos ojos se mantienen tensos mucho rato, y eso puede acabar pasando factura.

Además, cuando nos concentramos en una pantalla, solemos parpadear menos. Al parpadear con menor frecuencia, la superficie del ojo se lubrica peor, la lágrima se evapora con más facilidad y aparece la típica sensación de sequedad, escozor o “arena”. A partir de ahí, es común notar visión borrosa intermitente, pesadez ocular o necesidad de descansar la mirada: es la forma que tiene el cuerpo de decirnos que nuestros ojos necesitan pausas y mejor hidratación.

¿Sabías que...?

Nuestra frecuencia de parpadeo en reposo suele rondar las 17 veces por minuto, pero al fijar la vista en pantallas puede bajar a 9 o menos[4].

Síntomas de la fatiga ocular: cómo saber si la padeces

La fatiga ocular no siempre aparece como una visión claramente borrosa o una incapacidad total para enfocar. Muchas veces empieza con una molestia leve, casi “de fondo”, que va creciendo a lo largo del día a medida que encadenamos horas de pantalla. Por eso, aprender a reconocer las primeras señales nos ayuda a actuar pronto y evitar que el malestar se intensifique.

Los síntomas más habituales incluyen:

  • Sensación de cansancio, pesadez o dolor en ambos ojos durante o después de largos periodos de enfoque visual intenso y concentración.
  • Ardor, escozor o sensación de tener arena o suciedad en los ojos, ojos secos y con picor, que a veces pueden alternarse con ojos llorosos.
  • Visión borrosa o poco fiable, especialmente al cambiar el enfoque de cerca a lejos o después de largos periodos de uso de pantallas.
  • Ojos rojos, inflamados o irritados.
  • Dolores de cabeza crónicos[5] , especialmente alrededor de la frente, las sienes o detrás de los ojos.
  • Molestias de cuello, hombros o espalda, relacionadas con postura mantenida, inclinarse hacia la pantalla o posiciones poco ergonómicas[6].

Principales causas de la fatiga ocular en la era digital

En la vida actual, nuestros ojos afrontan un reto constante. Saltamos de un dispositivo a otro (ordenador, móvil, tableta, televisión) y casi siempre en visión de cerca, para luego mirar un momento a lo lejos y volver a empezar. Ese “cambio de marcha” repetido obliga a nuestros ojos a mantener un nivel de esfuerzo sostenido que, con el tiempo, puede traducirse en fatiga visual digital. Entender qué la desencadena es el primer paso para reducir molestias y prevenir recaídas.

Más allá del número de horas frente a pantallas, el entorno también influye mucho. Una iluminación poco adecuada (demasiado intensa o insuficiente), los reflejos y el deslumbramiento pueden aumentar el contraste con la pantalla y forzar el enfoque. Y, en interiores, la calefacción o el aire acondicionado suelen resecar el ambiente, favoreciendo la sensación de ojo seco.

También cuentan los hábitos, a menudo automáticos, que acompañan a las pantallas. Algunas elecciones diarias, pequeñas pero repetidas, pueden convertirse en detonantes claros de la fatiga visual digital, haciendo que el cansancio ocular se acumule sin que nos demos cuenta:

  • Tiempo prolongado frente a pantallas y pocas pausas. Mantener la mirada en tareas de cerca durante horas, con concentración constante y descansos escasos, sobrecarga los mecanismos de enfoque y favorece que la fatiga se acumule.
  • Menos parpadeo mientras usamos dispositivos. Al trabajar con el portátil o desplazarnos sin parar por el móvil, solemos parpadear menos, lo que empeora la sequedad, el escozor y la irritación.
  • Posturas poco ergonómicas. Inclinarse demasiado hacia la pantalla o trabajar desde la cama puede forzar la visión y, a la vez, cargar cuello, hombros y espalda, haciendo que el malestar sea doble.
  • El estrés, la ansiedad y la falta de sueño. Estos factores pueden reducir nuestra tolerancia al esfuerzo visual y hacer que los síntomas aparezcan antes y con más intensidad[7].

Riesgo especial en niños y adolescentes. Las sesiones largas de videojuegos o el uso sin control del teléfono pueden favorecer síntomas de fatiga ocular y, en algunos casos, asociarse a otros problemas visuales, por lo que ayudan mucho las revisiones oculares periódicas[8].

Posibles tratamientos para la fatiga ocular

La mayoría de los casos de fatiga ocular mejoran con descanso y pequeños cambios en los hábitos del día a día. Aun así, si las molestias persisten o van a más, existen medidas y tratamientos que pueden aportar un alivio claro.

  • Las lágrimas artificiales o gotas lubricantes ayudan a mejorar la sequedad, la sensación de arenilla y la irritación. En general, suele ser buena idea optar por fórmulas sin conservantes, especialmente si se usan con frecuencia o si los ojos son sensibles. Algunas preparaciones incluyen ingredientes de origen vegetal utilizados tradicionalmente en el cuidado ocular, como la caléndula, que puede resultar agradable en cuadros de irritación leve[9].
  • Las lentes con filtro de luz azul pueden ayudar a mejorar la comodidad general de los ojos o los patrones de sueño de algunas personas, aunque las pruebas de su efecto beneficioso no son concluyentes[10] , y desde luego no sustituyen a los buenos hábitos frente a la pantalla y a los descansos regulares.
  • También pueden ayudar algunos ejercicios oculares (incluidos los de inspiración yóguica), como el “palming” (cubrir suavemente los ojos con las palmas), parpadear de forma consciente, alternar el enfoque cerca-lejos o hacer movimientos lentos en forma de ocho. En algunas personas, estas prácticas reducen la sensación de tensión y favorecen que los ojos “se reseteen” tras periodos largos de pantalla[11] .
  • En ocasiones, detrás de la fatiga visual hay un ojo seco más establecido o se asocia a otras afecciones oculares (por ejemplo, irritación conjuntival[12]). Si hay dudas, conviene consultar con un profesional de la visión para valorar la causa y proponer un plan específico.

Busca atención médica urgente si la molestia ocular aparece junto con pérdida repentina de visión, dolor intenso, visión doble, visión borrosa marcada, halos alrededor de las luces o sensibilidad muy intensa a la luz, porque pueden ser señales de un problema ocular más serio (como un glaucoma agudo)[13].

Cómo prevenir la fatiga ocular: hábitos diarios que protegen su visión

Prevenir la fatiga ocular suele depender de ajustes pequeños pero constantes. Cuando los convertimos en rutina, la diferencia se nota: menos sequedad, menos tensión y una mirada que llega al final del día con más “aire”.

Una de las estrategias más conocidas es la regla 20-20-20: cada 20 minutos, apartamos la vista de la pantalla y miramos un punto que esté a unos 6 metros de distancia durante 20 segundos. Este gesto sencillo le da un respiro al sistema de enfoque y ayuda a frenar la acumulación de tensión visual[14].

También ayuda mucho cuidar el entorno y la postura, porque los ojos no trabajan solos: el cuello, la espalda y la forma en la que nos colocamos frente a la pantalla influyen directamente.

  • Mantén la pantalla a una distancia aproximada de un brazo.
  • Coloca la parte superior de la pantalla ligeramente por debajo del nivel de los ojos para que el cuello no se quede en tensión.
  • Evita trabajar largos periodos recostada en la cama o encorvada en el sofá.
  • Siéntate con la espalda apoyada, columna alineada, muslos paralelos al suelo y pies bien apoyados, separados a un ancho cómodo[15].

Y un detalle que suele infravalorarse: parpadear de forma consciente. Cuando estamos concentradas, el parpadeo cae en picado, y eso favorece el ojo seco. Introducir microhábitos como parpadear “a propósito”, cerrar los ojos unos segundos de vez en cuando, o hacer pausas breves para relajar la mirada y mover los ojos suavemente, puede reducir de forma notable la tensión acumulada.

Si, aun con estas medidas, los síntomas persisten, empeoran o interfieren en el día a día, conviene consultar con un profesional sanitario u oftalmólogo para una valoración y recomendaciones personalizadas.

Preguntas frecuentes sobre la fatiga visual

¿La fatiga visual puede dañar mi vista de forma permanente?

No. Suele ser temporal y no causa daños permanentes. Si se repite o no mejora, conviene revisarlo porque a veces puede estar relacionada con otras afecciones oculares.

¿Cómo puedo aliviar rápidamente la fatiga visual causada por el uso de pantallas digitales?

Aplica la regla 20-20-20, parpadea de forma consciente y aléjate unos minutos de la pantalla. Si lo necesitas, puedes usar lágrimas artificiales sin conservantes.

¿Cuánto debo preocuparme por los síntomas de fatiga ocular?

Si aparece junto con pérdida repentina de visión, dolor intenso, halos alrededor de las luces, visión doble o fotofobia marcada, busca atención médica cuanto antes.

Esta información en ningún momento sustituye el diagnóstico del médico o el consejo del farmacéutico.

  1. History taking. (2013). In Elsevier eBooks (pp. 99–110). https://doi.org/10.1016/b978-1-4557-1069-0.00007-4
  2. Sheppard, A. L., & Wolffsohn, J. S. (2018). Digital eye strain: prevalence, measurement and amelioration. BMJ Open Ophthalmology, 3(1), e000146. https://doi.org/10.1136/bmjophth-2018-000146
  3. Sengul, H. (2025). Investigation of asthenopia prevalence and related factors in university students with ordered logistic regression. Journal of Family Medicine and Primary Care, 14(4), 1395–1402. https://doi.org/10.4103/jfmpc.jfmpc_1516_24
  4. Lapa, I., Ferreira, S., Mateus, C., et al. (2023). Real-Time blink Detection as an indicator of Computer Vision Syndrome in Real-Life settings: An Exploratory study. International Journal of Environmental Research and Public Health, 20(5), 4569. https://doi.org/10.3390/ijerph20054569
  5. Vincent, A. J., Spierings, E. L., & Messinger, H. B. (1989). A controlled study of visual symptoms and eye strain factors in chronic headache. Headache the Journal of Head and Face Pain, 29(8), 523–527. https://doi.org/10.1111/j.1526-4610.1989.hed2908523.x
  6. Kaur, K., Gurnani, B., Nayak, S., et al. (2022). Digital Eye Strain- a comprehensive review. Ophthalmology and Therapy, 11(5), 1655–1680. https://doi.org/10.1007/s40123-022-00540-9
  7. Aykutlu, M. Ş., Aykutlu, H. C., Özveren, M., et al. (2024). Digital media use and its effects on digital eye strain and sleep quality in adolescents: A new emerging epidemic? PLoS ONE, 19(12), e0314390. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0314390
  8. Pavel, I. A., Bogdanici, C. M., Donica, V. C., et al. (2023). Computer Vision Syndrome: an Ophthalmic Pathology of the modern era. Medicina, 59(2), 412. https://doi.org/10.3390/medicina59020412
  9. Sapkota, B., & Kunwar, P. (2024). A Review on Traditional Uses, Phytochemistry and Pharmacological Activities of Calendula officinalis Linn. Natural Product Communications, 19(6). https://doi.org/10.1177/1934578x241259021
  10. Singh, S., Keller, P. R., Busija, L., et al. (2023). Blue-light filtering spectacle lenses for visual performance, sleep, and macular health in adults. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2023(8), CD013244. https://doi.org/10.1002/14651858.cd013244.pub2
  11. Gupta, S., & Aparna, S. (2020). Effect of yoga ocular exercises on eye fatigue. International Journal of Yoga, 13(1), 76. https://doi.org/10.4103/ijoy.ijoy_26_19
  12. Uwimana, A., Ma, C., & Ma, X. (2022). Concurrent rising of dry eye and eye strain symptoms among university students during the COVID-19 Pandemic era: A Cross-Sectional study. Risk Management and Healthcare Policy, Volume 15, 2311–2322. https://doi.org/10.2147/rmhp.s388331
  13. Dietze, J., Blair, K., Zeppieri, M., et al. (2024). Glaucoma. StatPearls - NCBI Bookshelf. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK538217/
  14. Talens-Estarelles, C., Cerviño, A., García-Lázaro, S., et al. (2022). The effects of breaks on digital eye strain, dry eye and binocular vision: Testing the 20-20-20 rule. Contact Lens and Anterior Eye, 46(2), 101744. https://doi.org/10.1016/j.clae.2022.101744
  15. Kibria, M. G., Parvez, M. S., Saha, P., et al. (2023). Evaluating the ergonomic deficiencies in computer workstations and investigating their correlation with reported musculoskeletal disorders and visual symptoms among computer users in Bangladeshi university. Heliyon, 9(11), e22179. https://doi.org/10.1016/j.heliyon.2023.e22179