
¿Cuál es la función del estrógeno en el cuerpo de la mujer?
Los cambios repentinos de humor, las fluctuaciones del ciclo menstrual, la sensación de hinchazón o una sensibilidad inusual en los senos son solo algunos de los signos que pueden indicar un desequilibrio en uno de los mensajeros más poderosos de nuestro cuerpo: el estrógeno. El estrógeno es, en realidad, un grupo de hormonas esenciales para regular nuestros ciclos menstruales, además de apoyar la salud reproductiva y el desarrollo del cuerpo desde la pubertad hasta después de la menopausia. En este artículo veremos de dónde procede el estrógeno y cuáles son sus principales funciones en el organismo. También hablaremos de cómo cambian sus niveles a lo largo de la vida, de su papel clave durante el embarazo y de qué conviene tener en cuenta cuando los niveles de estrógeno descienden.

¿Qué es el estrógeno y dónde se produce?
A menudo se habla del estrógeno como la “hormona femenina”, pero los hombres también la tienen, aunque en cantidades mucho menores[1]. Además, su función va mucho más allá de regular el ciclo menstrual y la fertilidad. El estrógeno influye directamente en la salud de los huesos, los vasos sanguíneos, el cerebro, el corazón, la distribución de la grasa corporal, el estado de ánimo e incluso mantiene una relación importante con nuestro microbioma intestinal[2]. Por todo esto, entender cómo funciona puede ayudar a explicar muchos cambios físicos y emocionales que vivimos en distintas etapas de la vida.
En las mujeres, el estrógeno se produce principalmente en los ovarios y, durante el embarazo en la placenta[3]. También puede generarse en otras partes del cuerpo, como el hígado, el corazón, los músculos y el cerebro, a partir de grasas como el colesterol[4]. Podemos imaginar el estrógeno como una especie de “director de orquesta” que coordina muchos procesos importantes: participa en el inicio de la pubertad, ayuda a mantener un ciclo menstrual regular, favorece la fertilidad y el embarazo, y contribuye a cuidar la salud ósea, el estado de ánimo, los patrones de sueño, los niveles de energía y el funcionamiento cognitivo a medida que envejecemos[5].

Tipos de estrógenos: Estradiol, Estrona y Estriol
Nuestro cuerpo no depende de un único tipo de estrógeno. Produce distintas formas que se utilizan para funciones esenciales en momentos concretos de la vida. De todos los tipos de estrógeno, dejaremos de lado los 13 menos relevantes[6], y nos centraremos en los cuatro principales.
Puedes imaginar esta “familia” de estrógenos como un equipo de superhéroes, en el que cada miembro entra en acción cuando llega su momento de brillar. Estos cuatro son los que veremos con más detalle a continuación:
- Estradiol (E2): es el tipo de estrógeno más importante y el más abundante y potente durante los años reproductivos[7].
- Estrona (E1): se convierte en la forma principal de estrógeno después de la menopausia, cuando los ovarios reducen su actividad. Está relacionada con el mantenimiento de la salud del cerebro, el sistema cardiovascular y el sistema musculoesquelético a medida que envejecemos[8].
- Estriol (E3): su producción aumenta y alcanza su punto máximo durante el embarazo, ya que se sintetiza sobre todo en la placenta. También se ha asociado con posibles beneficios para el sistema inmunitario y con cierta protección frente a enfermedades neurodegenerativas.[9]
- Estetrol (E4): otro tipo de estrógeno específico del embarazo, descubierto en los años 60 y producido exclusivamente por el hígado fetal[10].
¿Sabías que...?
El mayor nivel de estrógenos en las mujeres, en comparación con los hombres, se considera una posible explicación de por qué, en general, las mujeres suelen vivir más tiempo[11].

Funciones principales del estrógeno en el cuerpo femenino
El estrógeno es uno de los grandes “organizadores” del cuerpo: una hormona multitarea que participa en muchos sistemas, desde los órganos reproductores hasta la piel, los huesos, el corazón y el cerebro. Su influencia nos acompaña durante gran parte de la vida, ayudando a mantener el equilibrio de los sistemas y órganos vitales y ofreciendo protección frente a diversas enfermedades y molestias.
A continuación, encontrarás un resumen de las funciones más importantes que desempeña el estrógeno en la salud del día a día:
- Pubertad y forma general del cuerpo: guía muchos de los cambios del crecimiento, como el desarrollo de los senos y la maduración de los órganos reproductores. También influye en cómo se distribuye la grasa en zonas como los muslos y las caderas, contribuyendo a la forma corporal típicamente femenina.
- Ciclo menstrual y ovulación: ayuda a que los óvulos maduren y crezcan, y favorece la ovulación preparando tanto la liberación del óvulo como el revestimiento del útero para una posible gestación.
- Fortaleza ósea: ralentiza la pérdida ósea y protege frente al deterioro de la densidad ósea que puede acabar en osteoporosis[12], algo especialmente relevante cuando los niveles de estrógeno descienden después de la menopausia.
- Corazón y vasos sanguíneos: ayuda a mantener niveles más saludables de colesterol HDL y contribuye a que los vasos sanguíneos se mantengan más flexibles, incluso a pesar de ciertos hábitos de vida y del envejecimiento natural.
- Piel, cabello y distribución de la grasa: contribuye a la flexibilidad e hidratación de la piel, que puede cambiar durante el embarazo, influye en la calidad del cabello y ayuda a regular exactamente cómo y dónde se almacena la grasa corporal.
- Cerebro, estado de ánimo y emociones: contribuye a mejorar aspectos de la función cognitiva (como la memoria, la capacidad de atención y la concentración) y ayuda a controlar el estrés y el estado de ánimo mediante complejas interacciones con neurotransmisores como la serotonina[13].
- Conexión intestinal (estroboloma): se ha descubierto que ciertas bacterias intestinales ayudan a procesar y reciclar los estrógenos, lo que contribuye a mantener el equilibrio del microbioma intestinal y a favorecer un metabolismo hormonal más saludable[14].
¿Sabías que...?
Cada vez hay más indicios e hipótesis sólidas que relacionan una pequeña comunidad de microbios del intestino (el llamado estroboloma), y los cambios en la regulación de los estrógenos, con el desarrollo de algunos tipos específicos de cáncer[15].

Estrógenos durante el embarazo: Qué cambia y por qué es importante
Durante el embarazo, nuestros niveles de estrógeno aumentan de forma gradual y en paralelo al crecimiento del feto. Esto permite que el cuerpo de la madre y el del bebé se adapten a los numerosos cambios que se producen mes a mes. Como hemos comentado, el estriol (E3), producido sobre todo por la placenta, tiene un papel protagonista en esta etapa.
Este tipo de estrógeno es clave para apoyar el crecimiento uterino a medida que el bebé se desarrolla, al tiempo que afloja los músculos y tejidos del abdomen y la vagina y sus alrededores en preparación para el parto. También interviene en la formación de los órganos del bebé, desde los huesos y los pulmones hasta su futuro sistema reproductor.
Simultáneamente, el cuerpo se va preparando para el posparto: el estrógeno ayuda a preparar el pecho materno, estimulando su crecimiento y el desarrollo de las glándulas implicadas en la producción de leche, y contribuye a estimular la producción de prolactina una vez que el bebé ha nacido[16]. Como los estrógenos pueden influir en la producción de leche, los tratamientos hormonales con estrógenos suelen evitarse durante la lactancia, salvo que sean estrictamente necesarios.

¿Qué ocurre cuando los niveles de estrógenos son bajos?
Si bien los niveles de estrógeno pueden disminuir debido a factores como el estrés crónico, el bajo peso corporal, el ejercicio muy intenso o prolongado, u otras afecciones médicas específicas, el desencadenante más natural e inevitable es el avance de la edad. Cuando el estrógeno empieza a descender, sobre todo durante la perimenopausia y la menopausia, el cuerpo suele enviar señales claras: aparecen síntomas característicos y, en muchos casos, bastante molestos. Este descenso no solo afecta a la regla o a la fertilidad; puede notarse de forma intensa en prácticamente todo el organismo.
Algunos de los síntomas más conocidos y comunes son:
- Oleadas repentinas de calor intenso (comúnmente denominadas sofocos) o, a veces, experimentadas como una inusual sudoración profusa durante la noche.
- Sequedad vaginal, con aumento de las molestias o el dolor durante las relaciones sexuales.
- Disminución de la libido o pérdida del deseo sexual.
- Cambios repentinos de humor, irritabilidad o sentimientos de depresión sin saber por qué.
- Períodos menstruales cada vez más irregulares hasta que finalmente cesan.
- Incontinencia urinaria, o aumento de la frecuencia, así como un mayor riesgo de desarrollar infecciones urinarias.
- Insomnio, o alteraciones notables del ritmo circadiano[17].

Preguntas frecuentes sobre el estrógeno
¿Qué causa el aumento o la disminución de estrógenos?
Los niveles de estrógeno pueden variar por muchas razones: el paso de los años, el aumento del estrés, los cambios en el peso corporal, la falta de sueño reparador, el ejercicio muy intenso, una alimentación poco equilibrada, los ciclos menstruales irregulares o problemáticos, el embarazo y la menopausia, entre otros factores.
¿Cómo sé si mi nivel de estrógenos es demasiado bajo o demasiado alto?
Las señales más claras suelen ser los síntomas. Un nivel bajo de estrógenos puede causar sofocos, sequedad vaginal o cambios bruscos de humor. Un nivel alto, en cambio, puede provocar hinchazón, sensibilidad en los senos o reglas más abundantes de lo habitual. Para confirmarlo, lo más fiable es realizar un análisis de sangre prescrita por el médico especialista.
¿Los hábitos de vida pueden afectar a los estrógenos?
Sí. Una mala alimentación, un aumento del estrés, dormir poco o mal y practicar ejercicio de forma excesiva pueden alterar los niveles de estrógeno y desequilibrar el sistema hormonal. Cuidar estos hábitos ayuda a mantenerlos más estables.
Esta información en ningún momento sustituye el diagnóstico del médico o el consejo del farmacéutico.
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Cuidado ocular
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