Cómo hacer un buen lavado ocular

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Mantener nuestros ojos en un buen estado óptimo de limpieza puede ayudar a prevenir irritaciones, aliviar el cansancio ocular y eliminar partículas o agentes externos que causan molestias. Pero, como ocurre con cualquier parte sensible del cuerpo, no todo vale a la hora de limpiarlos. Nuestros ojos están recubiertos por una fina película lagrimal que los protege y lubrica, y si la alteramos con productos o gestos inadecuados, podríamos provocar justo lo contrario a lo deseado: más irritación o incluso una lesión en la superficie corneal. En este artículo te explicamos cuándo y cómo lavar los ojos de forma adecuada qué productos puedes utilizar y qué errores debes evitar.

¿Con qué frecuencia debo lavarme los ojos?

La mayoría de las veces, no hace falta hacerlo: nuestros ojos son sorprendentemente autosuficientes.

La película lagrimal, esa fina capa que los recubre, cumple funciones esenciales: lubrica, nutre las células de la superficie ocular con oxígeno y nutrientes, y actúa como barrera antimicrobiana natural[1]. Además, trabaja sin descanso para protegernos del polvo, el polen, la luz ultravioleta y la contaminación ambiental, factores que pueden contribuir a molestias tan comunes como la conjuntivitis o el síndrome del ojo seco[2]. Aun así, incluso este sofisticado mecanismo natural, al que rara vez prestamos atención, a veces necesita un poco de ayuda extra.

Los enjuagues oculares bien programados y realizados con cuidado pueden ayudar a aliviar las molestias leves o a eliminar partículas e irritantes acumulados a lo largo del día. Este tipo de limpieza resulta especialmente útil para retirar toxinas del aire, restos de humo o trazas de productos cosméticos, como maquillaje o cremas, que, por su composición química, pueden provocar una irritación ligera en las capas más externas del ojo y en el epitelio[3]. Además, un enjuague adecuado puede aportar sensación de confort y frescor tras pasar muchas horas en entornos ventosos, húmedos o excesivamente secos, o durante largas jornadas frente a pantallas digitales, donde la sequedad y el parpadeo reducido suelen generar cansancio ocular[4].

El lavado ocular puede mejorar la comodidad y la higiene general de los ojos, a la vez que favorece la calidad de la película lagrimal y de la propia superficie ocular. De este modo, ayuda a reducir los síntomas leves asociados a algunos trastornos oculares[5]. Si las molestias, la irritación o el dolor persisten o empeoran, siempre se recomienda consultar con un profesional sanitario para recibir la orientación adecuada.

¿Sabías que...? Nuestra película lagrimal se renueva aproximadamente cada treinta segundos[6], formando una barrera protectora que mantiene la visión clara y estable. Sin embargo, una limpieza excesiva puede resultar contraproducente, ya que elimina esta capa beneficiosa, favoreciendo la sequedad y aumentando el riesgo de complicaciones.

¿Cuándo debemos lavarnos los ojos?

Los enjuagues oculares suaves pueden ser especialmente útiles después de ciertas actividades o tras la exposición directa a irritantes comunes. Entre las situaciones en las que lavarse o enjuagarse los ojos puede ofrecer un gran alivio se incluyen:

  • Después de estar al aire libre, cuando el clima ha sido excesivamente ventoso, frío, seco o polvoriento.
  • Si los alérgenos oculares habituales, como el polen, la caspa de los animales domésticos o el humo, provocan picor o escozor.
  • Cuando los cosméticos, el maquillaje, el champú o la crema solar entran de forma accidental en contacto con los ojos.
  • Después de nadar en piscinas muy cloradas[7] , o en agua de mar, debido a su alta concentración de sal, partículas de arena y bacterias[8].
  • Después de pasar muchas horas frente a pantallas digitales, que pueden favorecer la sequedad ocular.

No es necesario lavarse los ojos a diario, pero sí conviene ser conscientes de los irritantes potenciales a los que estamos expuestos en nuestra vida cotidiana.

Diversas investigaciones han señalado una relación entre el aumento del tiempo frente a pantallas, la calidad de la película lagrimal y la salud visual, así como un creciente número de casos de síndrome del ojo seco en todo el mundo[9].

Guía paso a paso para un lavado ocular óptimo

Antes de empezar, prepara un espacio limpio y tranquilo, con fácil acceso a agua tibia o suero fisiológico. Es fundamental asegurarse de que todos los elementos necesarios, como pañuelos de papel, gasas estériles y toallas limpias, estén a mano para un secado seguro e higiénico.

Si llevas lentillas, retíralas antes de comenzar. Todo el proceso debe realizarse de forma suave, relajada y refrescante, sin prisas ni movimientos bruscos.

Paso 1: Lavarse las manos

Es esencial empezar con las manos perfectamente limpias para evitar introducir bacterias o partículas en los ojos, lo que podría aumentar el riesgo de infección.

Paso 2: Utilizar agua limpia y tibia o una solución salina

  • Elige una solución salina o un limpiador ocular sin conservantes
  • La temperatura del agua debe ser ligeramente tibia, entre 16 °C y 38 °C [10].
  • Evita usar agua muy caliente o muy fría, ya que podría causar irritación o daño adicional.

Paso 3: Aclarar suavemente

La mejor forma de hacerlo es inclinando ligeramente la cabeza, de modo que el líquido fluya desde el ángulo interno del ojo hacia el externo.

Parpadea varias veces de forma natural para facilitar la eliminación de pequeñas partículas o residuos. Mantén siempre un flujo de líquido suave y constante, evitando aplicar presión excesiva, ya que podría irritar o dañar la superficie ocular.

Consejo útil: dirige el flujo hacia la zona donde el puente de la nariz se une con la frente para crear una cascada suave a través del ojo, en lugar de rociarlo directamente.

Paso 4: Secar con cuidado

Da golpecitos muy suaves alrededor de los ojos con un pañuelo limpio o una gasa estéril para secar y absorber el líquido restante. Ten cuidado de no frotar los párpados ni ejercer presión. Un secado delicado evita la fricción innecesaria y reduce el riesgo de irritación secundaria.

Paso 5: Rehidratar si es necesario

Tras el aclarado, es posible que los ojos se sientan ligeramente sensibles o secos. Este paso ayuda a que los ojos restablezcan el equilibrio natural de la película lagrimal, evitando sensaciones de incomodidad, tirantez o arenilla.

¿Sabías que...? Factores ambientales como la baja humedad, el aire acondicionado, la calefacción, el viento, la contaminación o el uso prolongado de pantallas digitales pueden acelerar la evaporación de las lágrimas. ¡Un simple aumento de temperatura de 25 °C a 34 °C puede hacer que nuestras lágrimas se evaporen tres veces más rápido![11]

Consejos de seguridad y errores comunes

Incluso introduciendo pequeños cambios en nuestros hábitos diarios podemos lograr una diferencia beneficiosa para la salud ocular. Para mantener los ojos sanos y protegidos, conviene tener en cuenta lo siguiente:

  • Cambiar y limpiar las lentes de contacto con regularidad, asegurándonos de retirarlas antes de acostarnos y de lavarnos los ojos correctamente.
  • Mejorar la higiene ocular lavándonos las manos con frecuencia, especialmente antes de tocarnos los ojos.
  • Extremar las precauciones al usar cualquier producto oftálmico, evitando aquellos que estén caducados o contaminados.
  • No compartir colirios ni medicamentos oftálmicos, ya que puede aumentar el riesgo de infección.
  • No frotarse los ojos con fuerza, aunque piquen: el alivio momentáneo puede provocar más irritación o daño.
  • Esperar al menos cinco minutos después de lavarse los ojos antes de aplicar cosméticos o cremas, y hacerlo con cuidado.
  • Si se pasa mucho tiempo frente a pantallas digitales, aplicar la regla 20-20-20: cada 20 minutos, mirar algo situado a unos 6 metros de distancia durante 20 segundos. Esta estrategia ayuda a prevenir la fatiga visual digital y el síndrome del ojo seco[12].

Es importante recordar que los enjuagues o lavados oculares sirven únicamente para aliviar de forma leve y temporal la irritación ocular.

Debe buscarse atención médica si aparecen cualquiera de los siguientes síntomas:

  • Enrojecimiento, escozor o sensación de quemazón que empeoran con el tiempo.
  • Visión borrosa o doble.
  • Sensibilidad aumentada a la luz (fotofobia).
  • Dolor persistente que no mejora tras el enjuague.
  • Secreción amarilla o espesa, posible signo de una infección ocular, como la conjuntivitis[13].

En casos más graves, como el contacto con productos químicos o sustancias irritantes, es fundamental enjuagar los ojos con agua limpia y tibia durante al menos 15 minutos mientras se busca asistencia médica inmediata..

Preguntas frecuentes sobre el lavado y cuidado de los ojos

¿Es necesario lavarse los ojos a diario?

No. Normalmente basta con hacerlo de forma ocasional.

El sistema lagrimal natural del ojo realiza la mayor parte de la limpieza, aunque puede necesitar un apoyo extra tras la exposición a determinadas situaciones o irritantes.

¿Puedo enjuagarme los ojos con agua del grifo?

Sí, si el agua es limpia y potable.

En caso de duda, la solución salina es una opción más segura, especialmente para las personas con ojos sensibles.

¿Qué es mejor: el lavado o gotas lubricantes?

El lavado ocular ayuda a eliminar partículas, suciedad o residuos, mientras que las gotas lubricantes alivian los síntomas de sequedad o fatiga ocular.

¿Deben de lavarse los ojos las personas que usan lentillas?

Sí, pero siempre hay que retirar las lentillas antes de comenzar.

Después del lavado, conviene esperar a que los ojos se sientan cómodos antes de volver a colocarlas y seguir cuidadosamente las instrucciones de cuidado para evitar irritaciones adicionales.

Esta información en ningún momento sustituye el diagnóstico del médico o el consejo del farmacéutico.

  1. Chang, A. Y., & Purt, B. (2023). Biochemistry, tear film. StatPearls - NCBI Bookshelf. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK572136/
  2. Alves, M., Asbell, P., Dogru, M., et al. (2023). TFOS Lifestyle Report: Impact of environmental conditions on the ocular surface. The Ocular Surface, 29, 1–52. https://doi.org/10.1016/j.jtos.2023.04.007
  3. Sridhar, M. (2018). Anatomy of cornea and ocular surface. Indian Journal of Ophthalmology, 66(2), 190. https://doi.org/10.4103/ijo.ijo_646_17
  4. Al-Mohtaseb, Z., Schachter, S., Lee, B. S., et al. (2021). The relationship between dry eye disease and digital screen use. Clinical Ophthalmology, Volume 15, 3811–3820. https://doi.org/10.2147/opth.s321591
  5. Nemli̇, A., Başer, M., & Gümüş, K. (2021). The impact of eyelid hygiene on ocular surface and vision-related quality of life among operating room staff. Perioperative Care and Operating Room Management, 24, 100171. https://doi.org/10.1016/j.pcorm.2021.100171
  6. Yazdani, M., Fiskådal, J., Chen, X., et al. (2021). Tear Film Break-Up Time and dry eye disease severity in a large Norwegian cohort. Journal of Clinical Medicine, 10(4), 884. https://doi.org/10.3390/jcm10040884
  7. Ishioka, M., Kato, N., Kobayashi, A., et al. (2008). Deleterious effects of swimming pool chlorine on the corneal epithelium. Cornea, 27(1), 40–43. https://doi.org/10.1097/ico.0b013e318156d200
  8. Ahmad, S. S. (2017). Water related ocular diseases. Saudi Journal of Ophthalmology, 32(3), 227–233. https://doi.org/10.1016/j.sjopt.2017.10.009
  9. Kaštelan, S., Gabrić, K., Mikuličić, M., et al. (2024). The influence of tear film quality on visual function. Vision, 8(1), 8. https://doi.org/10.3390/vision8010008
  10. Kelechava, B. (2025). ANSI Z358.1-2014: Emergency Eyewash & Shower Standard. The ANSI Blog. https://blog.ansi.org/ansi/ansi-z358-1-emergency-eyewash-station-shower/ (Recuperado en Oct. 25)
  11. Borchman, D., Foulks, G. N., Yappert, M. C., et al. (2008). Factors affecting evaporation rates of tear film components measured in vitro. Eye & Contact Lens Science & Clinical Practice, 35(1), 32–37. https://doi.org/10.1097/icl.0b013e318193f4fc
  12. Talens-Estarelles, C., Cerviño, A., García-Lázaro, S., et al. (2022). The effects of breaks on digital eye strain, dry eye and binocular vision: Testing the 20-20-20 rule. Contact Lens and Anterior Eye, 46(2), 101744. https://doi.org/10.1016/j.clae.2022.101744
  13. Hashmi, M. F., Gurnani, B., & Benson, S. (2024). Conjunctivitis. StatPearls - NCBI Bookshelf. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK541034/