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31/05/2010

NIÑOS SANOS CON HOMEOPATÍA
Cuando un niño enferma suele resultar difícil distinguir entre sus problemas físicos y anímicos. Quizá por eso la homeopatía, con su tratamiento global, logra curaciones tan eficaces y espectaculares.

Ser padres implica vivir una experiencia única, llena de extraordinarios sentimientos y amor incondicional, pero también de grandes preocupaciones. Difícilmente se llega a sufrir tanto como por los hijos y, cuando son pequeños, su salud es frecuente causa de ofuscación. En el momento en que un niño enferma se disparan las alarmas para lograr su mejor y más pronta recuperación. Pero, ¿escuchamos verdaderamente lo que el pequeño expresa a través de su afección?
Los recién nacidos no suelen presentar apenas enfermedades, y es a partir del segundo trimestre cuando pueden desarrollar patologías leves, procesos básicamente infecciosos que estimulan y fortalecen su sistema inmunitario. Es por tanto utópico pretender que un niño nunca enferme, pues forma parte de su adaptación al medio en que vive y se desarrolla. Hay procesos que harán sufrir al pequeño aun siendo fisiológicos (dentición, tos...), pero no por ello se deja de considerar a ese niño sano. Sin embargo, si los síntomas son frecuentes o graves y médicamente se debe intervenir, hoy se dispone de soluciones terapéuticas muy válidas. La homeopatía es una excelente opción en los niños, ya que estos todavía presentan gran reactividad ante mínimos estímulos.

El núcleo del problema
La homeopatía considera a la persona como un todo en la manera individual de expresarse a nivel físico, mental y emocional. Para un médico homeópata es importante entender, por ejemplo, cómo mejoran o empeoran los síntomas, a raíz de qué pudieron empezar esas manifestaciones, o incluso en qué momento del día se agravan. La base del razonamiento homeopático entiende que un niño no enferma si no hay una disposición previa, un terreno que favorezca precisamente que un germen o una disfunción se desarrolle; por lo que aliviando los síntomas se dará una tregua al niño y a sus padres, pero si no se logra modificar esa predisposición tampoco se habrá conseguido curarlo. El espectro de enfermedades que responden a la homeopatía es por tanto tan amplio como la propia capacidad natural de curación que cualquiera posee.
Es frecuente que los padres se muestren agradecidos no solo porque su hijo ya no presenta el problema por el que acudieron, sino porque aprecian una mejor adaptación al medio en que vive.

Lo mejor para una persona
Probablemente nos hemos acostumbrado a aliviar nuestras dolencias y las de nuestros hijos lo más rápido y eficazmente posible, sin plantearnos por qué se manifiesta así el organismo. La homeopatía intenta comprender esa línea coherente de expresión sintomática, y en función de ello prescribe el remedio individual. Por eso no receta un medicamento para cada enfermedad, sino un remedio para cada enfermo.

Una medicina flexible
La homeopatía presenta algunas características muy ventajosas: se trata de una terapia sin contraindicaciones, por lo que se puede combinar con cualquier otro tratamiento. Hay casos en que, ante una enfermedad crónica, se puede pautar homeopatía sin dejar el tratamiento convencional, y con frecuencia los padres empiezan a advertir una mejor eficacia de acción del mismo. Además, la homeopatía carece de efectos secundarios, lo que la hace muy segura frente a otras opciones.
Para la medicina homeopática cada caso es distinto, se enfoca de manera individual y se valoran todos los factores que inciden en su desarrollo. Lo singular en la expresión de cada niño aportará luz al diagnóstico del homeópata.

Josep Sala (médico homeópata)