

La infección bacteriana de la vejiga, o cistitis aguda, ocurre cuando las vías urinarias inferiores resultan infectadas con bacterias. Los gérmenes que la producen son, mayormente, el E. coli (70,8%), la Klebsiella spp, el Proteus spp y el Enterococo spp.
La cistitis se da más a menudo en las mujeres debido a que el trayecto que debe recorrer la bacteria hasta la vejiga es más corto que en el hombre. En cualquier caso, es una enfermedad muy común que afecta, sobre todo, a mujeres sexualmente activas entre los 20 y los 50 años. De hecho, la relación sexual puede incrementar el riesgo de padecer cistitis.
Síntomas más frecuentes:
Color anormal de la orina (turbio).
Necesidad frecuente de orinar.
Orina con olor fuerte o fétido.
Necesidad de orinar en la noche.
Micción dolorosa (disuria).
Presión en la parte inferior de la pelvis.
Si aparece fiebre o dolor lumbar, hay que orientar el cuadro como infección urinaria de vías altas. Se realizará entonces un sedimento urinario que nos mostrará bacteriuria, la presencia de sangre en orina y leucocitosis (aumento del número de glóbulos blancos).
En caso de ser necesario, se puede efectuar un urocultivo para averiguar qué tipo de bacterias son las que están causando la infección y determinar el antibiótico apropiado.
Prevención
El aumento del consumo de líquidos permite que la micción frecuente haga desaparecer las bacterias de la vejiga.
La micción inmediatamente después de una relación sexual ayuda a la eliminación de bacterias.
Mantener el área genital limpia y realizar la limpieza de delante hacia atrás ayuda a reducir las posibilidades de introducir bacterias desde la zona rectal.








