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18/01/2010

EVITAR LAS CUCHARAS CASERAS EN LOS MEDICAMENTOS PARA NIÑOS

La eficacia y seguridad de los medicamentos dependen en buena medida de una correcta dosificación, lo cual es especialmente necesario cuando el tratamiento va dirigido a los niños. Las dosis están calculadas para asegurar la eficacia del fármaco y evitar, en la medida de lo posible, efectos secundarios o una ocasional toxicidad.


Para asegurar que el niño recibe siempre la misma dosis de medicamento, los fármacos líquidos llevan el denominado dosificador (vasito o cuchara-medida) o una jeringuilla, que nunca deben sustituirse por cucharas comunes de alimentación, ya que la capacidad de estas cucharas varía mucho de unas a otras. Una dosificación incorrecta puede ser la causa de un fallo en la eficacia, por dar menor cantidad de medicamento, o de la aparición de efectos indeseables o toxicidad, por haber dado más cantidad de la necesaria.
Por otra parte, en algunos casos los jarabes se presentan en polvo y deben disolverse con agua para acabar de prepararlos en casa, debido a que, una vez disuelto el polvo, tiene una caducidad corta. Estos jarabes también van provistos de dosificadores para añadir el agua –que debe ser pura y filtrada–, o bien de medidas marcadas en el frasco con el nivel de agua a añadir. Es importante seguir al pie de la letra las instrucciones de preparación de los prospectos pues, de lo contrario, pueden resultar preparaciones demasiado diluidas o demasiado concentradas. También hay que asegurarse de agitar el contenido del frasco antes de cada utilización cuando así se señala en el prospecto.


En cuanto a las plantas medicinales tampoco se debe banalizar su uso y, en el caso de los niños, también deben respetarse las dosis. Se aconseja utilizar los medicamentos líquidos de plantas medicinales que van provistos de medidores. Si se toman infusiones, se recomiendan aquellas elaboradas especialmente para niños (ya sea en granulados instantáneos o bolsitas dosificadas) siguiendo escrupulosamente las instrucciones.


Respecto a los medicamentos homeopáticos, la forma más habitual en la que se presentan son los gránulos, que son pequeñas esferas de sacarosa y lactosa que se deshacen debajo de la lengua (vía sublingual). No tienen sabor o, en todo caso, éste es ligeramente azucarado, lo que facilita su aceptación por parte de los pequeños. Se administrará el número de gránulos prescritos y, si los niños son demasiado pequeños para disolverlos en la boca, se pueden disolver en un poco de agua y dársela a beber. En el caso de los bebés, se pueden disolver en un biberón sin calentar. Otra forma de presentación son los glóbulos, esferas más pequeñas que los gránulos, presentados en tubos dosificados para una sola toma, que también se pueden disolver en la boca o dar disueltos en agua o en el biberón.